Un viaje hacia el interior.
La espiritualidad es un camino de
auto crecimiento en buscas de comunión personal, para conocernos y llegar a
amarnos tal y como somos. Es dejar actuar el espíritu de Dios que está dentro
de mí.
El vacío profundo que
experimentan los hombres en la vida diaria no se llena con comidas ni bebidas,
menos con trago hasta ahogarse en licor, pero algunas veces logramos llenarlo
con experiencias de vida, tales como “subir a la Montaña”. Pero, en definitiva,
si se llena con “experiencia espiritual”.
Estoy seguro de que muchos
tenemos sensaciones de este tipo, situaciones trascendentales o experiencias de
tipo existenciales.
Caminar por la playa en un bello
amanecer o atardecer, sentarse a tomar un café en la playa con una agradable
compañía, son experiencias sublimes.
Y, qué me dices tú, de una
caminata a la montaña al amanecer, con el sol saliendo en la cumbre, un aire
fresco y el canto alegre de las aves como fondo de relajación, ¡Increíble!, ¿cierto?
Es como mirar al otro hasta hacerse uno solo, sin más detalles.
Esas visiones se deshacen como la
niebla matutina, pues no son algo real, sino algo etéreo, como las experiencias
espirituales…
Mas, sin embargo, esas presencias
espectrales nos definen, nos proponen una reflexión sobre las aspiraciones de
la vida, nos muestran otro punto de vista sobre lo que ambicionamos, o deseamos
hacer y tener.
Las fantasías de la vida, cuando
alguien nos dice que podemos lograr todo lo que nos proponemos, ya sean las
brujas o los hechiceros quienes te digan que puedes ser el rey, el presidente,
o el jefe de tu propia empresa. Etc.…
Es a partir de ahí donde te
desbocas, y armas nuevos proyectos con toda tu artillería, te encegueces y
piensas en llegar lejos. Toda una aventura…
En la juventud, todos queremos
llegar a ser como el actor o el personaje favorito, alguna vez en la vida.
Hay muchos que se enganchan al
personaje y hasta lo logran, muchos otros mueren en el intento, otros más
sensatos admiten que lo mejor es poner los pies sobre la tierra y vivir la vida
de acuerdo con sus capacidades.
La vida es un reto tremendo, es
un adentrarse muchas veces en “la oscuridad y la inmensidad”, es un viaje lleno
de emociones profundas, con miedo o con valentía la existencia puede llegar a
ser cruel, pero cuando comprendemos que queremos vivir, el alma se confiesa y
se “libera de los escorpiones y de las sombras” que se encierran en la mente,
hasta liberar todo su ser.
La intimidad del ser consiste en
“ser uno mismo”.
No hay nada extraordinario en el
comportamiento de quienes no saben qué o quienes son. En el mundo abundan los
conspiradores, los traidores, los inconstantes; pero ellos viven con
aflicciones infinitas, hasta perder la razón.
Vivir en automático.
Para no vivir en automático, hay
que tener propósito en la vida, o vivir con conciencia. Hay que salirse de los
patrones que maneja la sociedad sobre el tema en cuestión. Mantener un diálogo
interior sano me ayuda a comprender mi propósito de vida.
Vivir con conciencia implica
mantener una relación respetuosa, amorosa y funcional consigo mismo y con los
demás.
Para ello necesito aprender a
escuchar, a expresarme, a reconocer y validar al otro, a pasar tiempo de
calidad conmigo y con el otro. Esto significa que debo prestar atención a mis
pensamientos y palabras tanto como lo hago con lo demás.
En lo que a caminar se refiere,
esta fue una muy agotadora jornada.
En poco más de una hora ascendí una
distancia de 4.5 km donde se sube 1 kilometro en vertical hasta la cima de la
montaña. Al final, apenas podía caminar.
Un ascenso fuerte y el terreno
estaba algo resbaladizo, pero al llegar a la cumbre, fuimos recompensados con
una excelente panorámica de 360 grados desde donde se aprecian paisajes
maravillosos a la distancia.
Caminar todos los días es algo sencillo
y nos aporta beneficios tanto para la salud física como para el cerebro, pero
subir a una montaña, es algo, guau, o Wow, o mejor, genial.
Subir tramos montañosos mejora el
equilibrio, fortalece la parte inferior del cuerpo, e influye positivamente en
nuestras capacidades cognitivas, como la resolución de problemas, la memoria y,
potencialmente, el pensamiento creativo, y reducir el riesgo de enfermedades
cardiovasculares.
Además, nos permite hablar
consigo mismo, es un momento ideal para reflexionar sobre sucesos determinados,
es una oportunidad para pensar detenidamente e incluso llegar a conclusiones
sobre temas puntuales. Realmente hay beneficios para la salud mental el caminar
por el campo y la montaña.
Mi gusto por subir montañas es
una manera de darle sentido a lo que hago, para estar a gusto con caminar y así
alcanzar la felicidad.
Hay situaciones que tratan de
imponerse sobre nosotros, nos toca resistirlas hasta encauzarlas para evitar
que se hagan más fuertes que nosotros mismos.
“Recobrar la compostura”
El control emocional suele ser
una situación difícil para la gente.
Desde niño he vivido en el campo,
me gustaba disfrutar de él, caminar por las veredas y subir las montañas, igual
que pasear por valles y ríos.
Con mi bolso a la espalda, agua y
mecato, además de algunos elementos para prevención, camino hacia la montaña
con ganas de descubrir sus maravillas ocultas.
Salimos todos en grupo unos 20
caminantes, rápidamente nos dimos cuenta de que el camino era bastante
culebrero.
En general se entiende por
«camino culebrero» a uno erizado de dificultades, repleto de asechanzas, muy
riesgoso de recorrer.
Desde esta perspectiva, nadie
podría negar en su sano juicio que andar por un camino así, es estar un poco
loco, no podría ser de otra manera.
El camino está en medio de una
vía llena de talanqueras sin propósito conocido.
Inicie al final del grupo para estar
atento a todos los que compartían esa aventura, cuando ya estaba la montaña a
la vista inicie mi avanzada con el propósito de coronar la montaña en el primer
lugar si fuese posible.
El Abismo de nuestras conciencias
nos ha derrotado en todos los sentidos.
Todos tenemos intereses y sueños que
nos impulsan a ir adelante, pero también tenemos nuestros propios límites.
El camino se hacía cada vez más
empinado y difícil, densos matorrales impedían ver a la distancia y para mi sorpresa
me generaba un ritmo espiritual acelerado.
El camino desde el pie hasta la
cima era una sola pendiente, estrecho y liso, pero también amable y acogedor. Solo
se escuchaba el viento y algunos animales invisibles camuflados en la maraña de
naturaleza que envolvía la montaña.
Caminar en grupo implica siempre
ser conscientes de los compañeros de camino, pero las ganas de llegar primero
me hicieron olvidar a los demás.
Seguimos avanzando, tratando de
alcanzar a los primeros, aprovechando que la pendiente se hacía cada vez más
empinada, los alcanzaba con mayor facilidad.
Algunos de mis compañeros iban
cediendo terreno en aquel empinado camino, pero cuando me concentro en un
objetivo, quiero ser capaz de vencer la tentación de esperar a otros, caminar
es mi opción hasta coronar la montaña.
Cada uno sube a su ritmo, nadie lo
hace rápido, todos vamos midiendo cada paso como un ritual interior, pero sin
contarlos para no desanimarse.
Y yo, callado, solo con mis
pensamientos mirando la naturaleza y sintiendo mi respiración la cual cada vez
se hacía más difícil, más apretada por la falta de oxígeno y por el esfuerzo al
subir.
Me animaba con mi oración silenciosa
la cual siempre está ahí, en mi pensamiento, en mi mente. Una oración que gritaba
con fuerza pidiendo oxígeno para mis pulmones y fuerza para mis piernas…
En un momento sentí el cansancio físico
por el esfuerzo que implicaba la subida, me detuve un instante a respirar suave
pero profundo, tomando conciencia de mi respiración y sentía cómo poco a poco
se iba agitando mi corazón.
Ya bien avanzada la subida en un
momento me entró una llamada al celular y de manera automática contesté, al ir
hablando me fui quedando sin aire, esta mala acción me debilitó las piernas. Estando
en esas, sentí a mi lado a un señor mucho mayor que yo, quien con su paso
tranquilo pero parejo y seguro me adelantó, por poco y me siento a llorar de la
rabia.
En ese instante me hice
consciente de lo flojo que estaba de físico, consumido por la situación al
sentirme rezagado, de alguna manera, me hizo olvidar lo mal que me sentía y
aspiré las más grandes y profundas bocanadas de aire y apreté el paso como
queriendo comerme la distancia que me separaba de quien me había adelantado y
el punto de llegada.
El camino me animaba a tener
conciencia de quién era en ese momento, una mirada a mi interior me dio respuestas
con una visión más equilibrada de la situación, después de llegar al objetivo,
aunque no en el primer puesto, vi con claridad que, cuando sólo nos enfocamos
en lo mal que estamos, terminamos distorsionando la realidad y haciendo de esa
circunstancia algo más grande y difícil de lo que en realidad es.
La historia allí era que mis
opciones de ganar o llegar primero ya eran historia, pero yo no tenía ningún
deseo de renunciar a ello. Sin embargo, las fuerzas físicas no siempre están
ahí para acompañarnos, esto se traduce en acciones contrarias a los deseos.
Entonces es cuando tenemos que
recurrir a lo divino que hay dentro del ser humano, en ese momento, tenía la
certeza de que Dios estaba presente, a pesar de mi inseguridad de su presencia.
Al experimentar el frío que me golpeaba el rostro, sentía como me acariciaba el
alma también.
En medio de la naturaleza abrumadora,
vi mi pequeñez por la conciencia de mi respiración, me percaté de que estar
vivo es mucho más que respirar, que existir.
La consciencia espiritual de uno
mismo nos lleva a ver la vida como la suma de todo lo vivido, que cada
experiencia y cada acto que hacemos y el cómo lo hacemos hacen que en verdad
estemos vivos.
Ya allí en la cima, pude
contemplar la grandeza de la naturaleza y lo maravilloso del paisaje a mi
alrededor. Esos brochazos de colores por todos lados, el azul del cielo me
llenó de paz y me dio la satisfacción de haber llegado, la sensación de meta
cumplida.
La experiencia era sublime, y me
aparté un momento para dar gracias a Dios por la vida, por la experiencia, por los
compañeros y por todo allí presente.
Después de ese momento de
espiritualidad, iniciamos el descenso.
En un principio no notamos la
diferencia con relación a las caminatas habituales, pero poco a poco, la
pendiente se incrementaba, y las gotas de sudor y el cansancio se acumulaban.
Tras más de una hora subiendo, comencé a sentir la dificultad y la diferencia
con los demas días.
Luego de eso, empecé a escuchar
historias de la gente que bajaban de la montaña, lo que más me sorprendió fue
que iban contando innumerables episodios bastante dramáticos que les había
ocurrido a muchos otros queriendo subir la montaña.
Mostraban una imagen un tanto
dramática de la montaña, oscura y traumática.
Comprobé que el cansancio no es
un factor que nos impida llegar hasta la cumbre, sino que es la desmotivación y
la falta de una buena respiración lo que sí en realidad hace que nos sintamos
como una hoja que baja por la corriente de un río, sin alientos para lograrlo.
Pero, juntos podemos luchar
contra los obstáculos de la vida.
Si lo haces sin duda descubrirás
que conforme avanzas y te diriges a la cima, las dificultades para avanzar y
respirar son mayores. El viento y otros factores ajenos a nuestro manejo tornan
muy difícil desplazarse con la rapidez que anhelamos.
Hay quienes desisten rápidamente
y, así hayan andado la mitad del camino, vuelven atrás. Otros se desaniman
porque consideran que "todavía les falta mucho" para llegar al punto
más alto y no continúan. Un buen número prosigue la marcha, pero influidos por
sus compañeros, llegan a considerar que las jornadas son muy difíciles. El
grupo que llega a la cima dentro de los tiempos permitidos es muy reducido.
Quizás habrás experimentado una
situación similar, entonces comprenderá los difíciles momentos que se pasan en
el proceso de liberar nuestra alma de los miedos y temores de la vida. Esto nos
revela aspectos interesantes que deberíamos considerar en nuestra vida.
Pongámonos por un instante en los
zapatos de quien tiene una misión en su vida, sabemos que alcanzar los
objetivos no siempre será fácil, por el contrario, es a través de las pruebas
que experimentamos como alcanzar nuestras metas o sueños.
Las posibilidades para
desarrollar el trabajo encomendado no son nuestras fuerzas, sino las que Dios
nos da a cada paso que nosotros damos para avanzar.
Quizá oraste por un trabajo, por
salud, y sientes que no puedes más, o que Dios no respondió a tus oraciones.
Siempre recuerda que no estás solo en un laberinto, si acudes a Dios, a tus
hermanos y amigos, hallarás la victoria a pesar de todo.
Si has intentado hacer las cosas
a tu manera creyendo que Dios te respaldará, mejor ten en cuenta que es posible
vencer si es Dios quien pelea la batalla por nosotros.
Quizás te ha ocurrido que al
interior de la congregación o grupo con quienes estás, se ponen en tu contra y
ponen en tela de juicio el liderazgo que desarrollas.
Personalmente siempre me ha
parecido algo lógico que los demás duden de ti, por lo que, hay que demostrar en
quién hemos creído.
Recuerda que no hay victoria sin
sacrificios, y que los orgullosos son quienes desconocen el obrar divino en
nuestra vida.
El desarrollo personal del ser
humano no se basa en una charla o en teorías interesantes sobre el éxito o
sobre las riquezas, sino en los amigos.
En estos pensamientos comparto la
idea de que alcanzar el éxito en las labores cotidianas, no depende de otros,
sino de nosotros mismos.
Es la experiencia de amar y
sentirnos amados lo que nos llena de felicidad la vida.
El verdadero éxito en la vida es "cómo
estamos" y "con quién estamos".
Cuando nos enfocamos solo en lo
que nos falta, nos invade la tristeza. Pero al reconocer lo que ya somos, la
mirada se expande y la realidad se llena de posibilidades.
Se ha demostrado que en nuestro
interior está la verdadera felicidad, en la conexión con nuestra verdadera
Esencia.
Cultivar esta manera de ser y de
estar nos permite descubrir que la felicidad no es un destino, sino una forma
de vida.
Como ultima lección de dicha
caminata,
comprendí que, en verdad,
“Necesito aprender a Respirar”
Porque Tú
eres mi todo, renuncio a todo,
y me entrego
a Ti para siempre,
Nada quiero,
pero lo quiero todo,
Porque fuera
de ti, todo es nada.
Quítame
todo, menos tu presencia
Porque
contigo, todo lo tengo,
aunque no
tengo nada.
JoseFercho
ZamPer.
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