viernes, 6 de junio de 2025

Subiendo la Montaña.

 Un viaje hacia el interior.

 


La espiritualidad es un camino de auto crecimiento en buscas de comunión personal, para conocernos y llegar a amarnos tal y como somos. Es dejar actuar el espíritu de Dios que está dentro de mí.

 El vacío profundo que experimentan los hombres en la vida diaria no se llena con comidas ni bebidas, menos con trago hasta ahogarse en licor, pero algunas veces logramos llenarlo con experiencias de vida, tales como “subir a la Montaña”. Pero, en definitiva, si se llena con “experiencia espiritual”.

 Estoy seguro de que muchos tenemos sensaciones de este tipo, situaciones trascendentales o experiencias de tipo existenciales.

 Caminar por la playa en un bello amanecer o atardecer, sentarse a tomar un café en la playa con una agradable compañía, son experiencias sublimes.

Y, qué me dices tú, de una caminata a la montaña al amanecer, con el sol saliendo en la cumbre, un aire fresco y el canto alegre de las aves como fondo de relajación, ¡Increíble!, ¿cierto? Es como mirar al otro hasta hacerse uno solo, sin más detalles.

 Esas visiones se deshacen como la niebla matutina, pues no son algo real, sino algo etéreo, como las experiencias espirituales…

 Mas, sin embargo, esas presencias espectrales nos definen, nos proponen una reflexión sobre las aspiraciones de la vida, nos muestran otro punto de vista sobre lo que ambicionamos, o deseamos hacer y tener.

 Las fantasías de la vida, cuando alguien nos dice que podemos lograr todo lo que nos proponemos, ya sean las brujas o los hechiceros quienes te digan que puedes ser el rey, el presidente, o el jefe de tu propia empresa. Etc.…

 Es a partir de ahí donde te desbocas, y armas nuevos proyectos con toda tu artillería, te encegueces y piensas en llegar lejos. Toda una aventura…

En la juventud, todos queremos llegar a ser como el actor o el personaje favorito, alguna vez en la vida.

 Hay muchos que se enganchan al personaje y hasta lo logran, muchos otros mueren en el intento, otros más sensatos admiten que lo mejor es poner los pies sobre la tierra y vivir la vida de acuerdo con sus capacidades.

 La vida es un reto tremendo, es un adentrarse muchas veces en “la oscuridad y la inmensidad”, es un viaje lleno de emociones profundas, con miedo o con valentía la existencia puede llegar a ser cruel, pero cuando comprendemos que queremos vivir, el alma se confiesa y se “libera de los escorpiones y de las sombras” que se encierran en la mente, hasta liberar todo su ser.

 La intimidad del ser consiste en “ser uno mismo”.

No hay nada extraordinario en el comportamiento de quienes no saben qué o quienes son. En el mundo abundan los conspiradores, los traidores, los inconstantes; pero ellos viven con aflicciones infinitas, hasta perder la razón.

 Vivir en automático.

 Para no vivir en automático, hay que tener propósito en la vida, o vivir con conciencia. Hay que salirse de los patrones que maneja la sociedad sobre el tema en cuestión. Mantener un diálogo interior sano me ayuda a comprender mi propósito de vida.

 Vivir con conciencia implica mantener una relación respetuosa, amorosa y funcional consigo mismo y con los demás.

 Para ello necesito aprender a escuchar, a expresarme, a reconocer y validar al otro, a pasar tiempo de calidad conmigo y con el otro. Esto significa que debo prestar atención a mis pensamientos y palabras tanto como lo hago con lo demás.

 En lo que a caminar se refiere, esta fue una muy agotadora jornada.

 En poco más de una hora ascendí una distancia de 4.5 km donde se sube 1 kilometro en vertical hasta la cima de la montaña. Al final, apenas podía caminar.

 Un ascenso fuerte y el terreno estaba algo resbaladizo, pero al llegar a la cumbre, fuimos recompensados con una excelente panorámica de 360 grados desde donde se aprecian paisajes maravillosos a la distancia.

 Caminar todos los días es algo sencillo y nos aporta beneficios tanto para la salud física como para el cerebro, pero subir a una montaña, es algo, guau, o Wow, o mejor, genial.

 Subir tramos montañosos mejora el equilibrio, fortalece la parte inferior del cuerpo, e influye positivamente en nuestras capacidades cognitivas, como la resolución de problemas, la memoria y, potencialmente, el pensamiento creativo, y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

 Además, nos permite hablar consigo mismo, es un momento ideal para reflexionar sobre sucesos determinados, es una oportunidad para pensar detenidamente e incluso llegar a conclusiones sobre temas puntuales. Realmente hay beneficios para la salud mental el caminar por el campo y la montaña.

 Mi gusto por subir montañas es una manera de darle sentido a lo que hago, para estar a gusto con caminar y así alcanzar la felicidad.

 Hay situaciones que tratan de imponerse sobre nosotros, nos toca resistirlas hasta encauzarlas para evitar que se hagan más fuertes que nosotros mismos.

 “Recobrar la compostura”

El control emocional suele ser una situación difícil para la gente.

 Desde niño he vivido en el campo, me gustaba disfrutar de él, caminar por las veredas y subir las montañas, igual que pasear por valles y ríos.

 Con mi bolso a la espalda, agua y mecato, además de algunos elementos para prevención, camino hacia la montaña con ganas de descubrir sus maravillas ocultas.

 Salimos todos en grupo unos 20 caminantes, rápidamente nos dimos cuenta de que el camino era bastante culebrero.

 En general se entiende por «camino culebrero» a uno erizado de dificultades, repleto de asechanzas, muy riesgoso de recorrer.

 Desde esta perspectiva, nadie podría negar en su sano juicio que andar por un camino así, es estar un poco loco, no podría ser de otra manera.

 El camino está en medio de una vía llena de talanqueras sin propósito conocido.

 Inicie al final del grupo para estar atento a todos los que compartían esa aventura, cuando ya estaba la montaña a la vista inicie mi avanzada con el propósito de coronar la montaña en el primer lugar si fuese posible.

 El Abismo de nuestras conciencias nos ha derrotado en todos los sentidos.

 Todos tenemos intereses y sueños que nos impulsan a ir adelante, pero también tenemos nuestros propios límites.

 El camino se hacía cada vez más empinado y difícil, densos matorrales impedían ver a la distancia y para mi sorpresa me generaba un ritmo espiritual acelerado.

 El camino desde el pie hasta la cima era una sola pendiente, estrecho y liso, pero también amable y acogedor. Solo se escuchaba el viento y algunos animales invisibles camuflados en la maraña de naturaleza que envolvía la montaña.

 Caminar en grupo implica siempre ser conscientes de los compañeros de camino, pero las ganas de llegar primero me hicieron olvidar a los demás.

 Seguimos avanzando, tratando de alcanzar a los primeros, aprovechando que la pendiente se hacía cada vez más empinada, los alcanzaba con mayor facilidad.

 Algunos de mis compañeros iban cediendo terreno en aquel empinado camino, pero cuando me concentro en un objetivo, quiero ser capaz de vencer la tentación de esperar a otros, caminar es mi opción hasta coronar la montaña.

 Cada uno sube a su ritmo, nadie lo hace rápido, todos vamos midiendo cada paso como un ritual interior, pero sin contarlos para no desanimarse.

 Y yo, callado, solo con mis pensamientos mirando la naturaleza y sintiendo mi respiración la cual cada vez se hacía más difícil, más apretada por la falta de oxígeno y por el esfuerzo al subir.

 Me animaba con mi oración silenciosa la cual siempre está ahí, en mi pensamiento, en mi mente. Una oración que gritaba con fuerza pidiendo oxígeno para mis pulmones y fuerza para mis piernas…

 En un momento sentí el cansancio físico por el esfuerzo que implicaba la subida, me detuve un instante a respirar suave pero profundo, tomando conciencia de mi respiración y sentía cómo poco a poco se iba agitando mi corazón.

 Ya bien avanzada la subida en un momento me entró una llamada al celular y de manera automática contesté, al ir hablando me fui quedando sin aire, esta mala acción me debilitó las piernas. Estando en esas, sentí a mi lado a un señor mucho mayor que yo, quien con su paso tranquilo pero parejo y seguro me adelantó, por poco y me siento a llorar de la rabia.

 En ese instante me hice consciente de lo flojo que estaba de físico, consumido por la situación al sentirme rezagado, de alguna manera, me hizo olvidar lo mal que me sentía y aspiré las más grandes y profundas bocanadas de aire y apreté el paso como queriendo comerme la distancia que me separaba de quien me había adelantado y el punto de llegada.

 El camino me animaba a tener conciencia de quién era en ese momento, una mirada a mi interior me dio respuestas con una visión más equilibrada de la situación, después de llegar al objetivo, aunque no en el primer puesto, vi con claridad que, cuando sólo nos enfocamos en lo mal que estamos, terminamos distorsionando la realidad y haciendo de esa circunstancia algo más grande y difícil de lo que en realidad es.

 La historia allí era que mis opciones de ganar o llegar primero ya eran historia, pero yo no tenía ningún deseo de renunciar a ello. Sin embargo, las fuerzas físicas no siempre están ahí para acompañarnos, esto se traduce en acciones contrarias a los deseos.

Entonces es cuando tenemos que recurrir a lo divino que hay dentro del ser humano, en ese momento, tenía la certeza de que Dios estaba presente, a pesar de mi inseguridad de su presencia. Al experimentar el frío que me golpeaba el rostro, sentía como me acariciaba el alma también.

 En medio de la naturaleza abrumadora, vi mi pequeñez por la conciencia de mi respiración, me percaté de que estar vivo es mucho más que respirar, que existir.

 La consciencia espiritual de uno mismo nos lleva a ver la vida como la suma de todo lo vivido, que cada experiencia y cada acto que hacemos y el cómo lo hacemos hacen que en verdad estemos vivos.

 Ya allí en la cima, pude contemplar la grandeza de la naturaleza y lo maravilloso del paisaje a mi alrededor. Esos brochazos de colores por todos lados, el azul del cielo me llenó de paz y me dio la satisfacción de haber llegado, la sensación de meta cumplida.

 La experiencia era sublime, y me aparté un momento para dar gracias a Dios por la vida, por la experiencia, por los compañeros y por todo allí presente.

 Después de ese momento de espiritualidad, iniciamos el descenso.

 En un principio no notamos la diferencia con relación a las caminatas habituales, pero poco a poco, la pendiente se incrementaba, y las gotas de sudor y el cansancio se acumulaban. Tras más de una hora subiendo, comencé a sentir la dificultad y la diferencia con los demas días.

 Luego de eso, empecé a escuchar historias de la gente que bajaban de la montaña, lo que más me sorprendió fue que iban contando innumerables episodios bastante dramáticos que les había ocurrido a muchos otros queriendo subir la montaña.

 Mostraban una imagen un tanto dramática de la montaña, oscura y traumática.

 Comprobé que el cansancio no es un factor que nos impida llegar hasta la cumbre, sino que es la desmotivación y la falta de una buena respiración lo que sí en realidad hace que nos sintamos como una hoja que baja por la corriente de un río, sin alientos para lograrlo.

 Pero, juntos podemos luchar contra los obstáculos de la vida.

 Si lo haces sin duda descubrirás que conforme avanzas y te diriges a la cima, las dificultades para avanzar y respirar son mayores. El viento y otros factores ajenos a nuestro manejo tornan muy difícil desplazarse con la rapidez que anhelamos.

 Hay quienes desisten rápidamente y, así hayan andado la mitad del camino, vuelven atrás. Otros se desaniman porque consideran que "todavía les falta mucho" para llegar al punto más alto y no continúan. Un buen número prosigue la marcha, pero influidos por sus compañeros, llegan a considerar que las jornadas son muy difíciles. El grupo que llega a la cima dentro de los tiempos permitidos es muy reducido.

 Quizás habrás experimentado una situación similar, entonces comprenderá los difíciles momentos que se pasan en el proceso de liberar nuestra alma de los miedos y temores de la vida. Esto nos revela aspectos interesantes que deberíamos considerar en nuestra vida.

 Pongámonos por un instante en los zapatos de quien tiene una misión en su vida, sabemos que alcanzar los objetivos no siempre será fácil, por el contrario, es a través de las pruebas que experimentamos como alcanzar nuestras metas o sueños.

 Las posibilidades para desarrollar el trabajo encomendado no son nuestras fuerzas, sino las que Dios nos da a cada paso que nosotros damos para avanzar.

 Quizá oraste por un trabajo, por salud, y sientes que no puedes más, o que Dios no respondió a tus oraciones. Siempre recuerda que no estás solo en un laberinto, si acudes a Dios, a tus hermanos y amigos, hallarás la victoria a pesar de todo.

 Si has intentado hacer las cosas a tu manera creyendo que Dios te respaldará, mejor ten en cuenta que es posible vencer si es Dios quien pelea la batalla por nosotros.

 Quizás te ha ocurrido que al interior de la congregación o grupo con quienes estás, se ponen en tu contra y ponen en tela de juicio el liderazgo que desarrollas.

 Personalmente siempre me ha parecido algo lógico que los demás duden de ti, por lo que, hay que demostrar en quién hemos creído.

 Recuerda que no hay victoria sin sacrificios, y que los orgullosos son quienes desconocen el obrar divino en nuestra vida.

  El desarrollo personal del ser humano no se basa en una charla o en teorías interesantes sobre el éxito o sobre las riquezas, sino en los amigos.

 En estos pensamientos comparto la idea de que alcanzar el éxito en las labores cotidianas, no depende de otros, sino de nosotros mismos.

 Es la experiencia de amar y sentirnos amados lo que nos llena de felicidad la vida.

El verdadero éxito en la vida es "cómo estamos" y "con quién estamos".

 Cuando nos enfocamos solo en lo que nos falta, nos invade la tristeza. Pero al reconocer lo que ya somos, la mirada se expande y la realidad se llena de posibilidades.

 Se ha demostrado que en nuestro interior está la verdadera felicidad, en la conexión con nuestra verdadera Esencia.

 Cultivar esta manera de ser y de estar nos permite descubrir que la felicidad no es un destino, sino una forma de vida.


Como ultima lección de dicha caminata,

comprendí que, en verdad,

“Necesito aprender a Respirar”

 

 

Porque Tú eres mi todo, renuncio a todo,

y me entrego a Ti para siempre,

Nada quiero, pero lo quiero todo,

Porque fuera de ti, todo es nada.

 

Quítame todo, menos tu presencia

Porque contigo, todo lo tengo,

aunque no tengo nada.

 

JoseFercho ZamPer.


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