Relato de Jesús
Hurtado.
Nos reunimos en la iglesia Santa Bárbara a las seis de la
mañana siete caminantes, de Pasos Comuneros, luego en Puente García nos
esperaban seis más. Allí hicimos ejercicios de calentamiento y salimos rumbo a
Pinchote por la vía a Morros Buenavista.
Transitamos por una carretera destapada y plana con algunos ascensos de
segunda categoría. En la vereda de Morros se nos unió un pero negro el cual nos
acompañó hasta Pinchote.
Una abuela de por allí comentó
que cuando los perros aúllan de manera lastimera es porque presagian algo malo…
y, al parecer tenía razón pues un compañero se tropezó y se fue de bruces, se
lastimó un brazo y el codo, afortunadamente no fue nada grabe.
¡Qué casualidad!, justo en ese momento pasaba por allí un carro de los
bomberos de Pinchote y lo llevaron hasta el pueblo.
De aquí en adelante marchamos silenciosos y sigilosos, observando la naturaleza
que nos envolvía.
La cigarra en la china es un símbolo de renacimiento, de transformación,
longevidad e inmortalidad.
La aparición de la cigarra desde la tierra, después de años de reclusión
se considera un triunfo sobre la adversidad, nos enseña perseverancia y
resiliencia frente a las dificultades. Al parecer cada cigarra tiene su propio
canto como su huella digital.
En casi todo el camino hay cultivos de café y plátano, caña de azúcar,
yuca, maíz y árboles frutales.
Como a la hora y media de camino nos detuvimos en una tienda a merendar conforme a lo que cada uno traía. Aquí en este sitio es la zona de alimentación e hidratación.
De aquí a Pinchote se puede observar mucha más vegetación nativa, ya
cerca al pueblo se ven fincas ganaderas y campestres para el veraneo y el
turismo.
La gente de la región es amable y acogedora.
También pudimos observar por mucho tiempo la cordillera oriental, donde
se observa el pueblo llamado “El Palmar”. Al fondo de la montaña está el Rio
Fonce custodiado todo el tiempo por el cañón del Suarez que se forma por las
dos montañas.
Es un paisaje cautivador y ameno que pone a volar la imaginación, hasta
que mi alma se la llevó el viento.
Caminando en compañía los kilómetros se recorren sin darse cuenta, y el
tiempo pasa sin dejar huella.
La energía estática se transforma en dinámica, el sopor de la incertidumbre
explota en celebración, dicha y felicidad.
Ya en Pinchote, nos reagrupamos en una tienda y tomamos líquido para
recuperar las energías.
Tomamos las respectivas fotos para el recuerdo y luego abordamos el bus
de regreso al socorro.
Y si puedes, hazte consciente de cada paso, sincronizando el movimiento
en armonía con la respiración, pero hágalo conscientemente hasta que el sendero
se desvanezca y el caminante se fusione con la existencia.
Transcrito y Editado por
JoseFercho
ZamPer.
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