Caminata nocturna a donde Alberto.
Relato de Jesús
Hurtado.
La noche era de luna
creciente, soplaba el viento y las nubes corrían a su voluntad, se arrastraban
las sombras como queriéndonos asustar, aquí una mancha negra, allá la otra, y
de repente, ¡Bummmm! Un cuetón o volador o cohete navideño se levantaba hacia
el cielo devorando la oscuridad.
El camino se deslizaba
ladera arriba, y fluía entre las sombras y la penumbra, por allí desfilaban de
prisa, ángeles y daimones o demonios…
El ladrar de los perros
rompía la monotonía del silencio y nos dejaba al descubierto.
La luz de la linterna
rasgaba el velo de la oscuridad abriendo el camino, y permitiendo el paso del
caminante.
De ahí en adelante el tiempo
se pasó volando, entre vinos y galletas, cervecitas y café, y la inmensa fogata
que calentaba el entorno mejor que cubrirnos la piel con abrigos o ruanas que
nos ataban los pies…
Se encendieron hasta
consumirse un centenar de velitas y juegos pirotécnicos, muchos de ellos
lanzados al firmamento mostrando así a todos en la vereda, que estábamos en
celebraciones navideñas, haciendo así, participes a los vecinos como a los
dioses del viento, de tal acontecimiento. Hasta Nerón el perro, se unió a la
celebración.
Este suceso nos hizo recordar momentos
inolvidables de nuestra infancia y adolescencia.
Con un sabroso tamal
santandereano, un buen chocolate con queso y una tajada grande de pan, saciamos
el hambre del momento. Como una manera de compartir con nuestros amigos y
lugareños, y así, celebrar la divinidad de nuestra existencia…
Casas de paredes altas,
techos de dobles aguas, grandes corredores y acogedoras alcobas, y sus grandes
cocinas de leñas, son las viviendas de quienes aun tienen el privilegio de
vivir en el campo.
La constelación de Orión
esquiva el camino al no dejarse ver, ya luego se dibujó en el firmamento,
desplegando su belleza…
¿Para qué usar mi lampara?
Me pregunté…
Un maestro zen
decía.
Puedo ver en la
oscuridad,
pero sus amigos
le decían,
lo hemos visto
con una lampara en la noche;
el maestro
contestó;
solo la uso para
prevenir que otros choquen conmigo.
Transcrito y
Editado por
JoseFercho
ZamPer.

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