martes, 13 de mayo de 2025

Caminata a Pinchote Santander.

 



Relato de Jesús Hurtado.

Nos reunimos en la iglesia Santa Bárbara a las seis de la mañana siete caminantes, de Pasos Comuneros, luego en Puente García nos esperaban seis más. Allí hicimos ejercicios de calentamiento y salimos rumbo a Pinchote por la vía a Morros Buenavista.

Transitamos por una carretera destapada y plana con algunos ascensos de segunda categoría. En la vereda de Morros se nos unió un pero negro el cual nos acompañó hasta Pinchote.

 Durante el recorrido nos salieron al encuentro muchos perros, algunos nos ladraban y otros nos olían, otros daban lastima verlos…

 Una abuela de por allí comentó que cuando los perros aúllan de manera lastimera es porque presagian algo malo… y, al parecer tenía razón pues un compañero se tropezó y se fue de bruces, se lastimó un brazo y el codo, afortunadamente no fue nada grabe.

¡Qué casualidad!, justo en ese momento pasaba por allí un carro de los bomberos de Pinchote y lo llevaron hasta el pueblo.

De aquí en adelante marchamos silenciosos y sigilosos, observando la naturaleza que nos envolvía.

 El mono Jaramillo nos ilumino desde temprano, las chicharras nos acompañaron casi todo el recorrido con su canto, toda una celebración de la existencia.

La cigarra en la china es un símbolo de renacimiento, de transformación, longevidad e inmortalidad.

La aparición de la cigarra desde la tierra, después de años de reclusión se considera un triunfo sobre la adversidad, nos enseña perseverancia y resiliencia frente a las dificultades. Al parecer cada cigarra tiene su propio canto como su huella digital.

En casi todo el camino hay cultivos de café y plátano, caña de azúcar, yuca, maíz y árboles frutales.

 Como a la hora y media de camino nos detuvimos en una tienda a merendar conforme a lo que cada uno traía. Aquí en este sitio es la zona de alimentación e hidratación.

De aquí a Pinchote se puede observar mucha más vegetación nativa, ya cerca al pueblo se ven fincas ganaderas y campestres para el veraneo y el turismo.

La gente de la región es amable y acogedora.

También pudimos observar por mucho tiempo la cordillera oriental, donde se observa el pueblo llamado “El Palmar”. Al fondo de la montaña está el Rio Fonce custodiado todo el tiempo por el cañón del Suarez que se forma por las dos montañas.

Es un paisaje cautivador y ameno que pone a volar la imaginación, hasta que mi alma se la llevó el viento.

  Me sentí muy bien en esta caminata, era la primera vez que recorría estos caminos.

Caminando en compañía los kilómetros se recorren sin darse cuenta, y el tiempo pasa sin dejar huella.

La energía estática se transforma en dinámica, el sopor de la incertidumbre explota en celebración, dicha y felicidad.

Ya en Pinchote, nos reagrupamos en una tienda y tomamos líquido para recuperar las energías.

 Algunos fuimos a la iglesia, visitamos el cuarto de la heroína Antonia Santos Plata, observamos los documentos históricos y la pila bautismal donde fue bautizada.

Tomamos las respectivas fotos para el recuerdo y luego abordamos el bus de regreso al socorro.

 Si estas caminando en el sendero, permanece alerta y despierto.

Y si puedes, hazte consciente de cada paso, sincronizando el movimiento en armonía con la respiración, pero hágalo conscientemente hasta que el sendero se desvanezca y el caminante se fusione con la existencia.

 Solo nos queda caminar y sudar bajo el sol, dejar la huella en el sendero pues el caminar nunca termina.

 Ya no hay nada que se interponga entre el camino y el caminante, las leyes de la física se desvanecerán cuando el ego desaparezca, aunque sea solo por un instante…

 


Transcrito y Editado por

JoseFercho ZamPer.

 

viernes, 9 de mayo de 2025

A donde me lleve el viento.


 Caminata nocturna a donde Alberto.

Relato de Jesús Hurtado.

 Emprendimos el viaje a las seis y media de la tarde, 11 caminantes y yo.

La noche era de luna creciente, soplaba el viento y las nubes corrían a su voluntad, se arrastraban las sombras como queriéndonos asustar, aquí una mancha negra, allá la otra, y de repente, ¡Bummmm! Un cuetón o volador o cohete navideño se levantaba hacia el cielo devorando la oscuridad.

 Un cañonazo estremeció la tierra, y sus bengalas rasgaron la oscuridad hasta dejar al desnudo a la montaña y a sus habitantes…

El camino se deslizaba ladera arriba, y fluía entre las sombras y la penumbra, por allí desfilaban de prisa, ángeles y daimones o demonios…

 Ascendimos 800 metros aproximadamente, y nos desviamos por un desecho estrecho y oscuro donde las tinieblas reinaban.

El ladrar de los perros rompía la monotonía del silencio y nos dejaba al descubierto.

La luz de la linterna rasgaba el velo de la oscuridad abriendo el camino, y permitiendo el paso del caminante.

 Permanecimos en este laberinto estrecho durante unos treinta minutos, y las tinieblas seguían apoltronadas en la penumbra.

 Las casas campesinas engalanaban la noche oscura con sus hermosas luces navideñas. Al fin salimos a una explanada, un camino más amplio donde los cafetales gemían zarandeados por el viento en medio de la oscuridad, con tan poderosa insolencia que los hacia desaparecer en el espacio tiempo.

 Finalmente llegamos a la casa de don Alberto, finca la esmeralda, quien nos recibió con toda amabilidad, característica de quienes habitan tales tierras.

De ahí en adelante el tiempo se pasó volando, entre vinos y galletas, cervecitas y café, y la inmensa fogata que calentaba el entorno mejor que cubrirnos la piel con abrigos o ruanas que nos ataban los pies…

 Las fogatas características de los siete de diciembre en los campos y en los pueblos de antaño, originaron las costumbres de encender las velitas de dicha noche…

Se encendieron hasta consumirse un centenar de velitas y juegos pirotécnicos, muchos de ellos lanzados al firmamento mostrando así a todos en la vereda, que estábamos en celebraciones navideñas, haciendo así, participes a los vecinos como a los dioses del viento, de tal acontecimiento. Hasta Nerón el perro, se unió a la celebración.

 Este suceso nos hizo recordar momentos inolvidables de nuestra infancia y adolescencia.

Con un sabroso tamal santandereano, un buen chocolate con queso y una tajada grande de pan, saciamos el hambre del momento. Como una manera de compartir con nuestros amigos y lugareños, y así, celebrar la divinidad de nuestra existencia…

Casas de paredes altas, techos de dobles aguas, grandes corredores y acogedoras alcobas, y sus grandes cocinas de leñas, son las viviendas de quienes aun tienen el privilegio de vivir en el campo.

 Abundantes bosques por donde danza el viento, y la brisa se pasea refrescando el tiempo, el de hoy como el de antaño, cuando los espíritus habitaban a sus anchas estos parajes sin dueños ni tiempo…

 Un rayito de luna entro silenciosamente y se aposentó en el retablo del sagrado corazón de Jesús, para entronizar al todo poderoso en el pedestal de la existencia.

La constelación de Orión esquiva el camino al no dejarse ver, ya luego se dibujó en el firmamento, desplegando su belleza…

 La oscuridad se movía y el firmamento resplandecía…

¿Para qué usar mi lampara? Me pregunté…

 

 

Un maestro zen decía.

Puedo ver en la oscuridad,

pero sus amigos le decían,

lo hemos visto con una lampara en la noche;

el maestro contestó;

solo la uso para prevenir que otros choquen conmigo.

 

 

 

Transcrito y Editado por

JoseFercho ZamPer.